Ilona llega con la lluvia
©José O. Alvarez

  Producir un ruido audible durante la salida del aire que se bloquea momentáneamente al articular las consonantes “qr” en lengua española, es de por sí una empresa aventurera.

  Como de aventuras se trata, me atrevo a formular una hipótesis descabellada porque linda con las fronteras de la totalidad. Para hacer audible a Maqroll, lo divido. Desintegrado produce dos palabras que en el idioma inglés toma todos sus atributos: macro y all. Es el macrocosmos más allá de sí mismo, postulando todo el universo. Sin embargo Maqroll es todos y es nadie como lo seremos luego en el último viaje. Sabemos que es libanés. Edad ni físico se le conocen, pero después de navegar con él por algunos puertos viviendo sus aventuras, se vuelve familiar. “Maqroll es siempre y en todas partes un extranjero, habitante de la distancia, la nostalgia, la lejanía y el tránsito pero que a momentos también parece poseer la facultad de la ubicuidad” (Cajías, 9). Según el mismo Mutis, “Maqroll es todo lo que quise ser y no fui. Todo lo que yo he sido y no he confesado. [...] Y lo que pienso llegar a ser algún día en otra reencarnación”.

  Como Maqroll (perdón, como Mutis), nací en esas tierras que se alimentan de las brisas del río Magdalena y en menor grado de las que vienen de Coello, lugar anclado en la memoria paradisíaca del poeta narrador. La “tierra caliente”, como se le conoce en el altiplano cundi-boyacense, reverbera en las épocas que la tierra se pone sedienta a tal punto que una gota esporádica se achicharra en la enorme paila de las que se cocinan en el infierno como las del Comala rulfiano. La tierra y los hombres se llenan de una sed que los lugareños capotean con rogativas. Los santos salen a la calle en procesiones a pedir la lluvia.

  Los aguaceros son bendición para esa tierra desértica que empieza de nuevo a resucitar. El aroma agridulce de la lluvia sobre esa tierra agradecida invade los pulmones. Como dice Cobo Borda hablando de Mutis, “es dicho aroma, de somnolencia y frescura, el que satura sus mejores textos, con sus grandes olas de calor, de piel, de dicha,  de río y mar nutricios, y es él, agua que cura y limpia, fiebre que expande el deseo” (Cobo Borda, 22).   Así es también Ilona. El agua primigenia que llega para que la vida florezca.

  Desde sus primeros poemas, como el de La creciente, en Mutis es importante el uso de imágenes referidas al agua, a sus diversos cursos y corrientes: el mar, el río, la lluvia. Con Ilona, la lluvia, “nos preserva del olvido y la rutina sin memoria” porque nacemos de nuevo como los tiernos retoños; como nacen los recuerdos. “La lluvia, aliada, reflejo y símbolo de la memoria, vence al olvido y a la muerte” (Valverde, 22).

  El Sísifo de la mitología clásica carga la piedra de la desventura. Maqroll carga el de la aventura. Al final de cada aventura se vuelve como los desechos que deja el mar. Termina en cualquier puerto del mundo deambulando por sus calles para combatir el insomnio mascullando el silencio que se vuelve pétreo como las mismas murallas que defienden pasados gloriosos. Es precisamente cuando el viajero se encuentra al borde del abismo pascaliano frente a la oscura inmensidad de la desesperanza, cuando la dulce voz de Ilona restablece y toma por asalto los sueños que son los de todos los noctámbulos soñadores.

  Pero el asalto, es un asalto esperado, añorado. Ilona llega con la lluvia llena de proyectos para paliar la soledad y la angustia de los porteños y de los viajeros que buscan paraísos que merecen la búsqueda porque andan perdidos. La Villa que instala tiene el nombre de las flores porque flores ofrece dispuestas a volar desde una cabina de vuelo que puede estar en cualquier tiempo o lugar.

  El espacio no importa. Ilona, nacida en Trieste de ascendencia macedónica muestra en su apellido los avatares y mutaciones de distintas circunstancias (Grabowska o Rubistein). Maqroll puede encontrarla en Alicante, Estambul, o Panamá para viajar por ríos, páramos, selvas y mares. Tanto Maqroll como Ilona despiertan un sentimiento de desapego y no pertenencia (Cajías, 10).

  Por eso para ellos no importa el más allá. Tiempo y espacio importan en la medida que se amolden al aquí y al ahora. Viven al día el Carpe Diem porque saben que tanto el pasado como el futuro son infinitos y como infinitos imposibles. Lo que cuenta es el momento que eternizan con su pasión reverberante. En eso consiste su felicidad. En no apegarse a nada, ni al mismo amor que los subyuga pero que saben compartir. Ilona es la matriarca, la hembra seductora que se acepta compartida antes que perdida porque ella es un macro que postula la totalidad.

  Ese presentismo voraz termina por alimentar la nostalgia. Las lecturas de Gaviero son de historia lo mismo que muchos de los personajes que desfilan como los amantes furtivos de Larissa. Con Ilona nos volvemos como esos personajes, pasajeros de otros siglos y de todos los siglos que cultivamos la esperanza de que algún día volvamos a juntarnos ya sea en el calor de cualquier puerto, en el alto de las montañas o en el alto de la mar.

Bibliografía

Cajías de Villa Gómez, Dora. “Alvaro Mutis: La nueva geografía de la novela”. Cuadernos de literatura No. 7. Universidad Mayor de San Andrés, La Paz, Bolivia, 1997

Cobo-Borda, Juan Gustavo. “Alvaro Mutis”. Procultura, Bogotá, 1989

Valverve Villena, Diego. “Alvaro Mutis: La nueva geografía de la novela”. Cuadernos de literatura No. 7. Universidad Mayor de San Andrés, La Paz, Bolivia, 1997

    La siguiente canción trata de seguir las pautas del bambuco fiestero propios de esa región tolimense caros al recuerdo del poeta narrador. Sin embargo se diferencia en ese dejo de tristeza que acompaña todo tema que se nutre de la nostalgia. 

Ilona llega con la lluvia
(Bambuco fiestero)
©José O. Alvarez

    Ilona es un aguacero
que llega cuando hay mucha sed
con ella comienzo de cero
porque con Ilona, mi vida
vuelve a renacer.

  Llegaste a habitar mis sueños
insomne me encontraba yo,
rompiste el duro silencio
de mi noche oscura, Ilona
con tu dulce voz.

  Ilona llega con la lluvia
cargada de felicidad
a todos nos cura la angustia
y nos acompaña, Ilona
en la soledad.

  La clave pa´ encontrar la dicha
no está en el más allá,
presiento que es aquí y ahora
que tu amor, Ilona,
me la puede dar.

  Por eso en todos los puertos
o frente a la inmensidad
Ilona, en mi hora de vuelo,
contigo Ilona,
yo quisiera estar.

  Ilona llegó con la lluvia
con lluvia, Ilona se va,
dejando la dulce esperanza
de que algún día, Ilona
te vuelva a encontrar.


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