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La revancha Lo
vi cómo miraba de reojo los exámenes
de los compañeros. Maldecía soto voce al ver que sus
respuestas no coincidían ni con el de la derecha ni con el de la
izquierda. Llegó a pensar que le había dado un examen diferente, de
revancha. Los nervios lo atragantaron y maldijo con más gana. Me miraba
echando chispas mientras yo elaboraba este cuento. Se arrepintió de no
haber escrito más cosas en la evaluación donde afirmaba en mayúsculas
que ese profesor era malo, desorganizado, pedante, creído, y otras
palabras recogidas de las alcantarillas que trato de evitar en las clases, en las composiciones y
en los exámenes.
Se atrevió a insinuarlo ese día y le cayeron a golpes. De
todos es sabido que las evaluaciones las realizan los estudiantes sin la
presencia del profesor quien tiene que retirarse unos diez metros del
salón. Por eso me extrañó ver salir a Gino como si se lo llevaran los
diablos. Al verme se calmó. –Tuve
que salirme para no acabar a golpes a ese ... y aquí se
desbordó en una retahila que contemplaba las obscenas palabras señaladas por Yesid
en la evaluación y pronunciadas por Gino con la
rabia que se le salía por los ojos. A Gino lo apoyaron los estudiantes
que quieren aprender y quienes son los que año por año me nominan
profesor del año galardón que siempre se escapa de sus manos porque la
decisión final depende de arriba. Yesid
es un estudiante cool que siempre llega tarde a todo. Parece que
lo demoraran las tiendas donde se mide, se compra y se pone a la moda.
Nunca repite muda que es de marca con la que alimenta su vanidad, su ignorancia y su
terquedad de mula rucia. En clase no pone atención. Quiere
que se la pongan a él. Aprovecha cualquier descuido para entablar
conversación con el vecino sobre temas que lo apasionan: fútbol
americano (¡soccer sucks! –dice), boxeo, lucha libre, Xbox, Se
inscribió en mi clase no porque le guste la literatura sino porque creía
que la pasaría por el solo hecho de hablar español. Como
tábano le caí encima. No lo dejaba respirar. “Se la monté”, como
decimos en la jerga docente. Su
revancha consistió en quejarse en el departamento cada vez que lo hacía
quedar como un trasero en clase por no contestar a mis sencillas
preguntas casi a nivel subterráneo que los demás interpretaban como
una burla mordaz a su estúpido comportamiento que ya los tenía hasta
el cogote. Traté
por todos los medios de aburrirlo. La experiencia me ha demostrado que
esta clase de elementos son un estorbo en las clases, en la universidad,
en la sociedad, en el planeta, en el universo. Tramposos,
abusivos, quejumbrosos, perezosos, buscan cualquier oportunidad para
treparse y defecarla en todo si se aferran a su malsana actitud. "No
merecen el espacio y el lugar que ocupan", me había dicho una vez
un maestro cuando actuaba igual que Yesid. Se ensañó tanto conmigo que
terminamos a golpes, después a palabras que pasaron de agresivas a
suaves hasta terminar en consejos que supe aprovechar. He
visto en Yesid un fiel espejo, por eso espero que algún día se dé
cuenta de su actitud y cambie. | Presentación | Narración | Ensayo | Poesía | | Plástica | Copyright 1995-2002 Literart.org, All Rights Reserved. |
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