|
Juan Pablo el marchista
Juan
Pablo se alinea siempre con grupúsculos que todavía tienen viva la
llama del ideal. Ante un mundo oscurecido por el cinismo, la voz de
jóvenes como la de Juan Pablo, es como una arenita en el desierto.
Un perro moribundo atropellado por un carro
fantasma y salvado por el llamado solidario que hizo otro joven
como Juan Pablo a través de la Internet, fue la chispa que dio
nacimiento a un proyecto que pretendía salvar a la moribunda
Colombia y de una vez por todas acabar con su violencia endémica.
Al proyecto se le midieron jóvenes de todo
el mundo al ver que la propuesta reflejaba una sutura a los
ideales rotos por las generaciones anteriores que los habían
traicionado.
Juan Pablo puso su destreza de escritor en
redactar los siete puntos del siguiente comunicado por la paz:
"Yo, colombiano del siglo XXI, en unidad con mis hermanos
colombianos y en un acto voluntario y libre, declaro:
-¿Usted se le mide? -me confrontó Juan
Pablo la primera vez que lo conocí en el consulado colombiano
de Coral Gables luego de una misa
en memoria de las víctimas
de los ataques terroristas en Nueva York y Washington.
-Claro... -le contesté con temor pensando
que era un kamikase que estaba dispuesto a ir a inmolarse
en las cuevas afganas con tal de arrasar a los enemigos como
lo había planteado sabiamente el sacerdote en el sermón.
Juan Pablo me puso el brazo en el hombro y
como si fuéramos amigos de toda la vida me dijo que se llamaba
Juan Pablo, que me invitaba a mí y a toda mi familia a unirme
a la marcha de 3 millones de colombianos que irían a San Vicente
del Caguán a pedirle a Tirofijo y a sus secuaces a que
depusieran las armas y como mansas ovejas se aunaran al redil para
construir una patria justa, libre y soberana.
Horrorizado me zafé de su abrazo. Quise espetarle
todo el odio que sentía contra esos demonios que habían puesto al país
de rodillas amparados en unas negociaciones que servían solo para
aumentar su poderío.
-¿Pero es que usted no ha escuchado a Bush? ¿Acaso no
se da cuenta que esos son peores que Osama bin Landen porque no creen en Dios?
-Usted no entiende.... - me dijo Juan Pablo en tono
conciliatorio tratando de enfriar la sangre que se me había subido
a la cabeza, -nosotros lo que queremos....
-.... ustedes lo que son, son unos idiotas útiles,
marxistas trasnochados, hippies drogos -le interrumpí señalando
acusatoriamente con el índice mientras le miraba la cola de caballo
que me había puesto en ascuas cuando me colocó el brazo por encima de mi hombro.
-Pero... -insistió Juan Pablo.
-Aquí no hay pero que valga. Eso hay que dejarlo
en manos de Dios y de Estados Unidos que son los que tienen el poder
de barrer esas alimañas -le dije marcando las palabras para ponerle punto final a su atrevimiento de hacerme acalorar luego de haber comulgado y rezado para que Dios iluminara a nuestros líderes en extirpar el mal de la faz de la tierra. Mientras retomé el coro de la Virgen que ha venido a América a traer la paz, me alejé con disgusto del consulado.
Juan Pablo, como buen marchista de la paz, no se amilanó y siguió repartiendo volantes tratando de convencer a la gente para que se le midieran a la marcha de los 3 millones al Caguán.
| Presentación | Narración | Ensayo | Poesía | | Plástica | Copyright 1995-2001 Literart.com, All Rights Reserved. |