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Angeles de Eslovaquia
Anoche mientras dormía un ángel de Eslovaquia cayó del cielo. Creí que despertaba para seguir soñando que una rubia de ojos azules se metía en mi sueño. Tuve que pellizcarme para comprobar que no era uno de mis escapes oníricos.
Un suave beso me despertó y creí recuperar el paraíso perdido. El hermoso ángel me susurraba una frase melodiosa en un idioma extraño para mí. Eran tan celestiales sus palabras que las grabé en mi corazón:
Ja prichadzam z neba pocítit - tvoj zivot (He venido a llenar el vacío de tu vida).
El aroma de flores frescas asaltó mi olfato de perro. Con mis labios recorrí el pétalo de su piel y bebí el rocío de su mañana. Sus vellos erizados parecían espigas de trigo listos para la vendimia. En la fuente de su vida me detuve a beber la Vía Láctea hasta que sus gemidos la hicieron convulsionar.
Las flores en primavera son para admirarlas, olfatearlas, saborearlas y acariciarlas, no para estropearlas. Aunque el animal despierto quería imponer sus instintos, interpuse mi condición de asceta y me quedé contemplándola mientras Annette tiernamente entraba en los laberintos del sueño con una sonrisa angelical. Mi ensoñación al verla tan radiante me hizo meterme en su sueño para descubrir que estaba en Bratislava, compartiendo con su amiga Lianna la experiencia que acababa de vivir.
Teniendo como testigo el río Danubio y un barranco que conectaba con los Cárpatos, me volví brisa para repetir el recorrido por las hermosas tierras de Lianna junto con Annete hasta que sus gemidos se confundieron con el azul que se metió en el río y el viento que venía de las montañas.
Ya L. C. Vila me había dicho que el amor perfecto es el triangular. Según la teorética de Vila el hombre no tiene la capacidad para satisfacer a las mujeres. La experiencia con Annette y Lianna lo confirmaba.
El sutil aleteo de una mariposa y el olor
a frutas frescas me despertó para encontrarme frente a Annette,
recién bañada con dulces fragancias que se sienten a las orillas del
Váh, del Orava, del Hornád, del Slaná y del Danubio y quien
febrilmente tecleaba en la computadora.
Suavemente acaricié el oro de su cabellera mientras trataba
de descifrar lo que escribía en la pantalla.
En eslovaco estaba chateando desde Tallahassee con su amiga Lianna que se encontraba en Bratislava y quien le pedía que ella también quería inmortalizar su primavera en las letras de ese otoñal escritor que andaba de gira por las universidades del norte de la Florida promoviendo su último libro de "Cuentos de vida, muerte y resurrección".
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