El delirio de Laura
©José O. Alvarez

Desde un escenario rembrandtiano que resaltaba la figura hierática de Freda Mosquera, mi aumentado astigmatismo trataba de descifrar en la penumbra la figura de Laura Restrepo. Haciendo eco de las palabras de Saramago, la presentadora hizo un recuento claro y conciso de la obra de Laura catalogándola como “una de las voces más importantes de la literatura latinoamericana”.

El evento programado en el Centro Cultural Español de Coral Gables no contó con que el recinto iba a quedar corto como ha sucedido en otros lugares donde se ha presentado esta autora que despierta un fervor similar al de su último libro.

Se pide a veces que el que reseñe a un autor tenga que recorrer su obra de cabo a rabo. Exceptuando “Delirio” desconozco lo demás que dizque coloca la investigación periodística al servicio de la creación literaria. Con obras maestras esperando que las reavive con mi relectura, casi no pierdo tiempo en autores que no hayan superado la barrera centenaria. Por suerte alguien me regaló el último libro de Laura Restrepo, de lo contrario me hubiera perdido ese tierno delirio que se derrama de sus páginas y que desbordó mis expectativas.

De los tres días que el nazareno estuvo en la tumba casi no nos hablan los evangelistas. De los tres días de encierro de la protagonista, Laura la resucita de su delirio para mostrarnos que los sepulcros blanqueados guardan secretos enfermizos.

De acuerdo a mi amigo el siquiatra autor de “Memorias del sanatorio”, la perspectiva sicoanalítica entrevé unos factores detectados a través de los síntomas del delirante que se aparta de una situación de peligro encerrándose en sí mismo como el caracol. Lo hereditario permite una regresión que busca encontrar razones de la crisis. El fuerte Yo de Agustina regresa a la crisálida del débil Yo que revela falsedades para resurgir como una mariposa que afirma su ganancia narcisista.

Laura confesó que le costó mucho trabajo hablar de un hombre bueno cuando los buenos no están de moda. Este hombre, Aguilar, sale a volar en busca de su sustento promoviendo alimentos para perros y al regresar encuentra que su amada esposa está delirando en las alturas de otro nido.

La autobiografía que Agustina le ha pedido a Aguilar que le escriba es la que nace en este libro de Laura que arrastra en sus aguas las corrientes de otros seres como Aguilar y McAlister, un traqueto que desenmascara la sicaresca colombiana, lo mismo que otras fuentes que desembocan en ese delirante mar.

Para Laura, Colombia no es un país que se derrumba. Es un país que tiene el enorme privilegio de ser un tablero en blanco con la enorme capacidad de renacer de la crisálida como lo hizo Agustina después de su delirio.


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