En el nombre de Bloom, Dedalus y Molly
©José O. Alvarez

   Coincidiendo con el 'Bloomsday' y desde un altar atosigado de parafernalia joyceana se estrenó el número cero de la "Revista Oral" dirigida por el escritor barranquillero Jaime A. Cabrera en las instalaciones de la Casa de la Cultura Hispanoamericana de North Miami. Aunque se quiso pontificar a la usanza de las sectas fundamentalistas, un hombre de impermeable y gorro frigio salido del 'Ulises' se encargó de reducirlo a la lúdica pregonada por Joyce que jugó con el verbo hasta descomponerlo.

   En otras partes del mundo, especialmente en Dublín, muchos fanáticos empezaron el día celebrando el rito de ese mito de la nueva era con un rezo pagano dirigido a la trinidad del padre (Bloom), del hijo (Dedalus) y del espíritu (Molly), desayunando con riñón de cerdo quemado oloroso a orines mientras algunos se masturbaban a nombre de las 11 mil que poseen sólo en su mente voyerista.

   Cuando era joven leí el 'Ulises' para no pecar de ignorante. Me pareció un bodrio pero no claudiqué al martirio. La petulancia que da la juventud aunada a la soberbia de ser de la Universidad Nacional me hizo callar pero aprobar con arqueada mirada las exégetas explicaciones de mis adelantados compañeros.

   Si a veces el buen Homero se queda dormido, como dijo Horacio, ya pueden imaginar el sopor de las copias. Platón diría, copias de sombras, qué atrocidad. Mayor si son producto de la traición (traductore traditore).

   Empeñado en encontrar una cura para el insomnio de mi esposa recordé el sopor lejano y traté el 'Ulises'. Santo remedio. Pudo dormir tranquila pero corroboré mi apreciación juvenil: la traducción falla porque no alcanza a captar la riqueza de esa lengua imperial que sarampiones siniestros me la negaban. Entrado en la edad de la razón opté por escucharlo en su versión original. Su musicalidad me hizo comprender como Platón que las copias de las copias tergiversan el arquetipo.

   Ulises dijo que era Nadie a Polifemo. Joyce dijo que era todo y los ingenuos sucumbieron a esta superstición. Yo que soy nadie como Ulises trato de no dejarme arrastrar de esas aguas de Heráclito (que censuró a Homero) como lo hacen los pedantes académicos. Quizá sea de los pocos masoquistas que se inflingen ese martirio, pero en sus páginas reconozco la deuda que tienen con Joyce muchos autores que aprecio más que él porque al escucharlo (no leerlo) en el idioma original, aprecio la des-composición musical de la lengua que busca la fuente primigenia fundamento de los mitos como la desintegración del átomo revela las supercuerdas fundamento de la creación.

   Empecé celebrando el nacimiento de una revista que se coloca al nivel de la fugacidad que vivimos y terminé confesando mis odios y mis amores. No es vana la presencia secular de ese autor que empieza en una torre y termina en el fluir de la conciencia que agobia los anaqueles.

   Lo que importa es el nacimiento de la "Revista Oral" que desde el sur de la Florida emula a la que se hace en la costa norte colombiana. En un mundo ajeno a las bellas artes, las revistas culturales empiezan con el número uno y muchas no pasan de ahí. La Revista Oral (que luego vino a llamarse “De Boca en Boca”), por el contrario, modestamente empezó de cero que representa la Nada (las notas leídas se destruyen al final), pero cuyo eco resuena con algo que se parece al infinito.

Publicado por Cronopios
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