|
Cine y literatura [I. Imagen y silencio. | II. Imagen y mito. | III. Imagen e ideología del poder. | IV. Imagen y confrontación social.] IV. Imagen y confrontación social. Esta sección está dedicada pretende auscultar el cine con respecto a la confrontación social. La película Entre nous de la directora francesa Diane Kurys, presenta con una delicadeza profunda la relación de dos mujeres que buscan entre sí llenar ese vacío de ternura y cariño que les niega la soberanía varonil de unos lazos familiares aferrados a la rutina. La sumisa inferioridad femenina tratan de nivelarla, desencadenando unos resultados que llevan a la disolución, pero que sugieren una ética del sexo compatible con la dimensión humana. La crítica renovadora del español Pedro Almodovar con su película Entre tinieblas, puede inducir al rechazo por la forma caústica de presentar su tema, ausente de la comodidad de un mensaje claro. Al hacer broma en sí mismo sin ninguna clase de contemplaciones, nos golpea altaneramente, despertándonos una sonrisa cómplice al ver la confrontación social rodeada de flaquezas.
La secuencia se abre con montañas y llanuras. Los hermosos paisajes por donde cruza el bus con refugiados no se refleja en los ojos de la joven pues en ellos hay interrogantes cargados de pesimismo. Aunque los paisajes son claros horizontes, la cámara nos conduce a esa frontera entre la claridad y la oscuridad. Al confundirse en el ocaso el bus cargado de equipajes, entramos al túnel sin salida del campo de concentración. Es el paso de la luz a la sombra. Los ojos de la joven no reflejan la luz, porque al igual que el entorno de toda mazmorra, están cargados de las sombras del abandono. A pesar de ser belga, la apresaron en la línea de demarcación en un pueblito cuyo castillo se quedó grabado en sus ensueños. La separación por una enorme valla donde el ángulo ocupado por las mujeres es oscuro en contraste con el lado adonde dirigen sus miradas, es otra línea de demarcación entre luces y sombras. Ella que está habitada por ocasos, escasamente deja escapar un débil rayo de luz de sus ojos cuando acepta la propuesta del repartidor de fríjoles. Con él solucionaría el problema de la subsistencia. Como pago a esa ayuda lo invita a la cama pidiéndole que olvida alos generales rusos. Esta olvido de la guerra va acompañado de sonidos de campanas lúgubres. A otro nivel, la joven pareja de artistas está feliz celebrando sus bodas. Al salir de la iglesia las campanas suenan alegres. La luz intensa del flash, cuando toman la foto, es la felicidad instantánea que enceguece también cuando les anuncian que 'los alemanes han cruzado la línea de demarcación". La frontera entre la dicha y la desgracia presentida queda grabada en la mirada de la joven. La estructura metálica de los rieles del tren deteniéndose, mientras se llena de brumas, nuevamente nos evidencia la vida que se detiene envuelta en la oscuridad del refugio, de la huida, del exilio forzoso. El ascenso a las montañas es el camino de la libertad. En las cumbres está la frontea no sólo de las naciones, sino principalmente la frontera del cielo con la tierra, de la paz, la tranquilidad familiar y los sinsabores, como los de los globos que se elevan para estallar en las altura. Por otro lado, la resistencia francesa ataca indiscriminadamente eliminando al enemigo, las estatuas y al esposo de la joven. Al caer muerto en sus brazos ella también atraviesa la línea de demarcación que la deja en los terrenos de la soledad. También Lena tiene un vacío insoportable aunque cuenta con el amor de su esposo y de sus hijas. Las dos mujeres se ven confrontadas con el problema contradictorio de sus vidas vacías, deshumanizadas. Intentan llenar este vacío buscando "entre ellas" amor y afecto. Su unión les permite florecer individualmente al descubir sentimientos desconocidos. Sus proyectos de independencia económica enfrentan ese universo masculino que bajo el aspecto de una "economía sexual-maternal", las subyuga y deshumaniza. La dominación como macho no permite que los padres de la joven, ni mucho menos la amiga, tiendan la mano contante y sonante. Al irse Madeleine se lleva tambié el alma de Lena quien clama en sus cartas: "si me amas, no me dejes en la oscuridad". Los límites entre la felicidad compartida y la desdicha de la separación, conduce a Madeleine a atravesar la frontera de la razón para desembocar en la locura. Lena la rescata para volve a cruzar la línea entre las tinieblas y la esquiva felicidad que celebran con champaña. Pero nuevamente el esposo de Lena las envía a la frontera al destruir sus sueños, destruyéndose él mismo, al comprobar que ha malgastado su vida. El enfoque final de padre-hija-madre, nos muestra la distancia que los separa como una frontera infranqueable que de tanto esfuerzo en vano, ya ni siquiera intentan atravesar.
La imagen de la ciudad nocturna con su tráfico acelerado, se confunde con las corrientes de lava de volcán en erupción que corren en todas direcciones. Con ello Almodovar nos está previniendo acerca del hecho de que "entre tinieblas" hay una luz que corre como la lava quemando profundamente, pues está movida por pasiones humanas. Contrariando esa lava polidireccional, la protagonista "no quiere llegar a ninguna parte" sino seguir el rumbo de las fachadas envejecidas, del grito de los locos, el maullar de los gatos, del cruce de puentes que comunican con las tinieblas y de los buses que recorren laberintos semioscuros. Quiere ser amiga de la noche. Por eso va donde las "Redentoras Humilladas". Su aparición es un rayo de luz que desde el portón de la iglesia penetra a la oscuridad del convento donde habitan los sobrevivientes de una sociedad sumida en el estiércol, las ratas, las perdición y la desolación. En esa sociedad, hasta "el amor es un martirio" y la grandeza sólo es posible encontrarla en la imperfección. Por eso la Madre Superiora busca en medio de las infinitas tinieblas que la rodean esa luz que le ha traído Yolanda, ya que hasta Dios se ha escondido para no contaminarse con el pecado amargo y oscuro de la desesperanza. Las visiones que son características de los místicos entregados a la oración en éxtasis divino, aquí sufren una transformación ya que el éxtasis se logra no través de la práctica santoral sino con el consumo de drogas. Esta crítica a las místicas pretensiones de los religiosos demuestra la falta de respeto de un director que no cree en milagros y que, utilizando un humor ponzoñoso, ayuda al proceso de sacudimiento de un pueblo que estaba sumergido en la superstición y en el atraso como esa España 'entre tinieblas' aislada del resto del mundo durante la dictadura. Cuando Franco cedió el poder lo hizo por la presión de los españoles, por la bancarrota económica y por el fracaso de su gobierno tenebroso. Sin embargo, porque amaba a su tierra, prefirió dejarse domesticar como el tigre de la película, abriendo una ranura por donde se coló el rayo de luz de la democracia. Tratando de racionalizar el posible nombre y apellido de la protagonista, parece que tiene su razón de ser. Puede ser que el director no se lo haya propuesto. Yo-land-da Bell es un campanazo al "yo" de cada uno en esta tierra ("land"), que se "da" y que por lo tanto nos ubica pues "no va a ningún lado quien no sabe dónde está". No insisto en el apellido. La recuperación de Yolanda se asemeja a la recuperación de España. Cuando las diferentes corrientes se cruzan en un terreno abonado y cuidado como el jardín de sus injertos se logran resultados grandiosos. Me viene a la memoria los injertos que hacía mi padre experimentando con orquidias, rosas y árboles frutales. Según me decía, al colocar buena tierra abonada al injerto de dos plantas diferentes, la sana competencia que se establece entre los dos vegetales produce un fruto superior al fruto que cada una da por separado. La aristocracia representada en la millonaria cuyo dinero "sólo le alcanza para sobrevivir", logra salvarse al unirse a Yolanda, quien representa al pueblo español. Aunque la aristocracia siempre ha jugado un papel de freno al cambio, al colocar sus capitales para el desarrollo industrial de España, se sumaron a esa salida civilizada de la transición pacífica de una dictadura a una democracia. Las monjas, representantes de una clase que colaboró estrechamente con las tinieblas, al igual que los muros del convento, termian desmoronándose hasta quedar reducidas a cuadros esculpidos en ellos sin a-dioses ni despedidas. Conclusión Las películas no sólo confrontan los fenómenos descritos en cada una de ellas, sino que plantean la apertura hacia una aplicación de la crítica feminista al texto y a la imagen. Aunque las mezquinas actividades hacia la sexualidad lesbiana opongan resistencia, sin embargo Diana Kurys con su película logra demostrar que un amor y afecto genuinos puede romper con tabúes que soslayan dimensiones humanizadoras. Convence más el amor lesbiano de estas dos mujeres que el amor enfermizo de la madre directora. al establecer estos sentimientos en forma convincente nos olvidamos que los prejuicios morales para descubrir que éstos se invalidad al compararse con la deformación que produce la rutina familiar por el ejercicio de la dominación masculina. Las películas no recurren a las imágenes porno del cine hamburguesa, pero al mostrar esa desesperación irresistible por la caricia que no iba más allá del intento, tanto en Madeleine con Lena, como la madre superiora hacia Yolanda, nos hallamos ante un volcán de pasiones voluptuosas cuya lava ardiente recorre hacia adentro quemando en todas las direcciones y alcanzando las líneas de demarcación que señalan las fronteras de lo prohibido. La dificultad de amar al esposo, ya sea éste el mecánico como en Lena, o el esposo Redentor de la madre superiora, les hizo excesiva la necesidad de buscar amores, estableciendo una particular amistad que desvanecía el entusiasmo por adaptarse a la rígidas estructuras de la vida matrimonial o de la vida monacal. Este vacío que ahoga puede llenarse en forma inesperada con la imagen/presencia de alguien. En Entre nous se manifiesta con más fuerza porque el ser humano necesita con urgencia de la comunicación que se trunca con la arbitrariedad. En Almodovar se da menos, porque esa comunicación existe aunque en principio parezca diálogos en la oscuridad. Las dos películas subrepticiamente denuncian las injusticias que sufren las mujeres, siendo una revelación de feminismo, en cuanto es una lucha honesta de mujeres que se ven confrontadas a contradicciones específicas. Al final queda uno con la grata impresión de haber asistido a la representación de actos que claman or un erotismo propio, donde la sexualidad no es precisamente la cuestión de sexo, sino la proyección de una sociedad represiva que se derrumba entre tinieblas y como contrapartida anuncia un humanismo nuevo. |