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Cine y literatura [I. Imagen y silencio. | II. Imagen y mito. | III. Imagen e ideología del poder. | IV. Imagen y confrontación social.] III. Imagen e ideología del poder. En esta tercera sección de Cine y literatura relaciono a la imagen con la ideología del poder. La ideología dominante logra en estas dos películas su máxima expresión. Con el pretexto del VI Congreso del Partido Nazi, la genial directora alemana Leni Riefestahl logra hacer un documental para mostrar El triunfo de la voluntad de un pueblo cuyo lider lo coloca en la fantástica posición divina. La realidad histórica es conjugada de acuerdo con la impresionante atracción que Hitler ejerció en millones de alemanes, de la cual no escapó la directora. El juego estilizado y expresivo de Alexander Nevsky, nos muestra a un director influenciado fuertemente por una técnica teatral. Efectivamente, Sergei Eisenstein, con un sertido profundo de tratralidad, combina el montaje de imágenes con la música de ese gran maestro Sergei Prokofiev. El aparatoso desplome de la unidad forzosa de la Rusia Soviética que contrasta con el ansia de unidad de la resquebrajada Alemania puede encontrarse en las claves subyacentes que se encuentran en estos dos filmes.
"Veinte años después de iniciarse la Guerra Mundial...", "Diez y seis después de la crucifixión alemana..." aparece un dios que desciende de los cielos a salvar a su pueblo. Desde las nubes los hombres parecen hormigas, desfilando en espera del milagro que sólo los dioses tienen el poder de realizar. Las iglesias, con sus torres señalando el infinito, le dan la bienvenida. En la tierra, las estatuas están encarceladas y la cáamara recorriéndolas nos está indicando que esos héroes ya no tienen razón de ser; son imágenes de postración de quienes han dejado someter a Alemania y que ahora están tras las rejas emponzoñadas paralizadas con la decepción de la derrota. La unión del cielo con la tierra la da esa imagen del dios cruzando la bóveda de un arco con su mano derecha en la posición de quien reparte dones divinos. Arco (bóveda celeste), dios intermediario y calles de Nuremberg, nos acercan al paraíso terrenal que se hace realidad al cruzar el puente y abrir las puertas de esa ciudad hermosa con sus canales reflejando el cielo y sus mansiones majestuosas. No es sólo el pueblo el que da la bienvenida al redentor, a él se aúna toda la estructura arquitectónica de la ciudad que ondea como las banderas en las aguas tranquilas. Las campanas echan a volar sus gloriosos sonidos y los tambores y clarines nos anuncian que ya estamos a la diestra de dios padre. En ese paraíso ya no hay sufrimientos. Los baños colectivos muestran lo inmaculado de sus habitantes. El orden, la precisión crono-geométrica, la limpieza, las masas corales, las sonrisas festivas, los juegos, las competencias físicas, los trajes típicos, las cosechas abundantes..., en fin, todo alrededor, nos coloca ante los ríos de leche y miel jamás imaginados por el género humano. Por fin alguien ha bajado el paraíso a este valle que antes era de dolor. Como toda órbita planetaria que gira alrededor de un eje, los planetas y satélites rinden tributo al astro centrípeto. De ese culto a la personalidad no escapan ni los meteoritos; la fuerza de aceleración centrípeta es tal que todas las diferencias son absorbidas por ese torbellino avasallador. Dios y pueblo son uno: "Un pueblo, una nación, un Fuehrer". El trabajo universal garantizado, donde el oficio ínfimo hasta el más sofisticado están nivelados para evitar las diferencias de clases, se consolida con esas muchedumbres armadas de intrumentos de labor. Este canto a la laboriosidad da sus frutos rápidamente pues los emblemas con espigas se multiplican indefinidamente. Aquí llegamos al meollo de la película. Me parece que la clave de este espectacular documental se da cuando los trabajadores de todos los rincones de Alemania que han dejado descender su bandera hasta el fango, al llamado del Fuehrer se levantan imponentes como ave fénix que renace fabulosamente de sus propias cenizas. Esa ave que sobresale de las llamas y las nubes que dan los juegos pirotécnicos es el símbolo de la felicidad, de la virtud y del orgullo de una raza llamada a gobernar la tierra. Las concentraciones multitudinarias inflaman el espíritu de cada alemán que sin darse cuenta sacrifica su juicio individual atrapado por la grandiosidad dramática de ese espectáculo. Los niños y los jóvenes no alcanzan a adquirir juicios diferenciadores. Todo queda nivelado en la pretendidad unidad trinitaria de "pueblo/nación/Fuehrer". Cuando Hitler dice que "otras naciones no entienden" ya nos está previniendo acerca de sus planes expansionistas. Una vez consolidada centrípetamente la unidad trinitaria, se hace necesario que "el espacio vital" se ensanche. Ahora la fuerza centrífuga quiere lanzarlo a la conquista para llevar el paraíso a los confines de la tierra y hacerles entender su misión salvadora. Las bandas de guerra aparecen por doquier. A los niños se les pone a tocar esa música. La cara del niño tocando el tambor con decisión, fuerzo y dominio absoluto, es la cara de Alemania preparada para emprender acciones aguerridas. La marcha de todos los ejércitos frente al dios que les da la bendición colocado hieráticamente en el atrio de la Catedral, es la imagen patriarcal del padre todopoderoso que desde las alturas envía a sus hijos a redimir el mundo. Los soldados cruzando el puente representan la conexión que hacen estos nuevos dioses con el resto de la tierra. Su misión mesiánica es la de sembrar paraísos siguiendo mecánicamente un orden inflexible. Las imágenes finales tomadas desde un ángulo bajo de la formación de los soldados que van de la extrema izquierda reducida a la extrema derecha totalizante elevándose a los cielos, es un logro fílmico que demuestra el triunfo de una ideología que no permite y aplasta la contradicción.
Los esqueletos regados por la arena, calcinados por el sol, son vestigios de guerras ya pasadas. Su blancura, como la de las túnicas de los habitantes de esos idílicos parajes, significa la purificación, pureza, e ingenuidad acrecentadas por la paz celebrada con trabajo colectivo. El horizonte del mar abierto, es una premisa para la incertidumbre que se ve venir con la procesión de Mongoles que atrviesan esos hermosos parajes. La dignidad humana pisoteada la vemos claramente en el esclavo que sirve de escalera para que el rey mongol suba a su carreta cargada de seres humanos asimilados a los bueyes después de haber sido rechazada la oferta que le hizo a Alexander quien le contestó: "es mejor morir que abandonar su terruño". La cruzada cristiana bendecida por Roma estaba anexando territorios, acabando con las características regionales, religión y orden social, ayudada por personas reclutadas de la nobleza y el clero, quienes traicionaban su pueblo a cambio de pingües prebendas. Convertidos en mercenarios de los alemanes, como el príncipe Paskov junto con los curas, asesinaron en masa a quienes se oponían a los invasores. La muerte de los ancianos y niños plantea la catástrofe de un pueblo traicionado, acabando con el ancestro en los viejos y matando la esperanza en los niños. Al recurrir a Nevky, quien estaba unido a su gente de pescadores y campesinos que formaban una milicia irregular, los novgorodianos quieren evitar ser sometidos. Los dos pretendientes de la hermosa mujer colocados a cada lado de Alexander dejan entrever que la valentía del uno como la sabiduría del otro están conjugadas en su líder. Olga es la representación de la madre tierra que será poseída por quien de muestras de heroísmo. Para ganarse este galardón, los dos pretendientes van a la vanguardia, que es derrotada por el poderoso enemigo. La táctica de Alexander da resultado al lograr, con escaramuzas guerrilleras, hacer retroceder al enemigo hasta hacerlo colocar en el centro del lago que está congelado. La analogía entre la perfecta formación de los soldados alemanes con uniformes blancos moviéndose en forma indivisible y buscando la nivelación perfecta que ha dado el lago congelado, demuestra el peso del orden e inflexibilidad del enemigo. Es precisamente esa rigidez y peso que hacen que en la Batalla del hielo éste se rompa en mil pedazos, desbaratando a la vez esa estructura supuestamente invencible de los alemanes. Los sobrevivientes, agarrándose a la plataforma movediza del témpano de hielo, simboliza la situación de desequilibrio en que quedó reducido el enemigo que quiere aferrarse a causas perdidad. La imagen de Olga llevándose a los guerreros heridos, es la representación de la tierra socorriendo a sus hijos. Sin embargo, se desposa con el más vliente pues el otro ha escogido a la mujer guerrera para formar una generación luchadora. La procesión por las calles de Novgorod, el perdón de la soldadesca enemiga, el castigo a los traidores y el discurso de Alexander Nevsky frente a la iglesia del pueblo se sintetiza en su frase final: "Id y decid a todo el mundo que quien venga a nosotros con espada, a espada morirá. Esta es ley divina de la tierra rusa". Conclusión Al establecer una comparación entre los dos filmes, se aprecia que los paralelismos son más profundos que las mismas diferencias. El fin principal de cada una de las películas es el de servir de instrumento ideológico para consolidar el poder tiránico ya establecido. Por orden expresa de cada uno de los tiranos de su tiempo, los directores han tenido que realizar esas obras que son propaganda política por excelencia. Otro paralelo analógico que resalta es la geométrica precisión de las columnas de soldados alemanes en los dos filmes, con la exacta sincronización de las imágenes plásticas y musical de la película rusa. Las dos películas empañan la razón del lector de ese mensaje que recurre a la reacción instintiva y a la emoción patriotera. Hitler exige el corazón y la lealtad ciega a la multitud de niños, así como Nevsky exige lo mismo en su discurso final asemejándose a los dogmas que pregonan que fuera de ellos no hay salvación. De acuerdo con estos postulados, se puede decir que el mundo queda reducido a la inflexibilidad, a lo mecánico que no permite posibilidades a la fluidez, a la dispersión y a lo orgánico vital. La libertad individual es ahogada por el torbellino centrípeto que le exige utilizar su energía centrífuga en la consolidación de ese centro único divinizado. Al recurrir al chauvinismo, al patrioterismo infantil, al orgullo nacional, al elemento folclórico, a la manualidad, se le cierra el paso al intelecto. En ningún momento las películas subrayan un atisbo que permita a la mente sacar sus propias conclusiones. Sólo se pide deducir que siempre será así por "mandato divino". Esa actitud cavernaria justifica toda la arbitrariedad e injusticia que se comete contra quienes pretendadn siquiera cuestionar esa rígida estructura. Otro paralelo está en que las dos ciudades se prestan para asociarlas con el renacimiento de la independencia nacional. Nuremberg renace como paraíso con el descenso del Fuehrer, así como Novgorod con el triunfo de Nevsky, al mostrar el delirio de las multitudes haciéndole eco a la locura del poder absoluto. Los desfiles en cada una de ellas son como las procesiones religiosas que rinden tributo a la divinidad y donde cualquier nota fuera de todo es castigada con el infierno. Los baños colectivos purificadores se analogan con las túnicas blancas de los habitantes rusos que gozan ese paraíso idílico de Siglo de Oro. Igualmente, se asemejan las estatuas representantes de gobiernos sin visión del primer filme, con las figuras pétreas y miradas sin futuro de los traidores clericales del segundo. El afán de hegemonía continental se aprecia más en Alemania cuando la película en su contenido global es un llamado a ampliar el espacio vital. Los rusos, también muestras ese deseo de expansión detectada en la frase de Nevsky cuando dice que una vez solucionado el problema con los alemanes se tomarán acciones contra los mongoles. Aunque los contrastes no son tan profundos, el primero está dado desde el inicio. Mientras que por un lado hay un descenso de los cielos del dios salvador, en el otro se parte de un paraíso ya establecido donde la tierra presenta una visión idílica. Respecto al trabajo colectivo, en uno se da con la unidad alemana y en el otro comienza con él entre pescadores y labradores rusos. También se puede destacar el sonido de las campanas. En Nuremberg suenan a triunfo; en Novgorod doblan las campanas anunciando la muerte. Siguiendo el aspecto sonoro, la música marcial de la película alemana paradójicamente no está tan demarcada como el contrapunto audiovisual de la rusa que combina cada imagen con absoluta precisión a tal punto que uno llega a pensar que a la partitura se le puso imagen. En cuanto a la formación de escuadrones, las escuadras alemanas son perfectas mientras que la rusas son irregulares. En el Triunfo de la voluntad el documento histórico se eleva a la categoría de arte, mientras que en Alexander Nevsky el arte se pone al servicio de documentar hechos aunque para ello se tergiverse la historia, entregando un producto masticado propio de la retórica vacía del "realismo socialista". Sin embargo los dos filmes sirven para apreciar la gran sensibilidad de los directores quienes con su genio logran escapar a la camisa de fuerza impuesta por sus tiranos respectivos dejando para la posteridad un documento que muestra el germen de la crueldad totalitaria. |