Imagen y mito

Cine y literatura
©José O. Alvarez

[I. Imagen y silencio. | II. Imagen y mito. | III. Imagen e ideología del poder. | IV. Imagen y confrontación social.]

II. Imagen y mito.

Los mitos tradicionales son motivo de inspiración no sólo de los escritores sino de los directores de cine. Uno de los mitos más desarrollados por las comunidades humanas es el del retorno, donde el ser humano consciente de su mortalidad espera al que vendrá a redimirlo. Otro es el del querer equipararse a los dioses o colocarse por encima de ellos llegando al nietzchiano teocidio. Tanto el uno como el otro, muestran dos caras opuestas: la aceptación de la flaqueza humana, o la prepotencia que coloca a los mortales como dioses.

1. Hombre mirando al sudeste. Director: Eliseo Subiela, 1987

Las campanas desafinadas que inician el filme nos están definiendo el hecho de la muerte. El no sonar normalmente se debe a que las muertes no son naturales sino artificiales, desafinadas, de suicidios duales, de una muerte agónica que penetra todo el ámbito con el beneplácito de quienes disfrutan las migajas del poder.

La idea de utilizar un hospital siquiátrico, no sólo facilita a Rantes su misión sin ser notado, sino también al director de la película para hacer una crítica a la sociedad argentina que ha vivido años de represión y de locura, y de paso plantear una problemática que salta las barreras regionales para convertirse en un interrogante universal.

Decir la verdad es el objetivo de Rantes. Esa es su misión a la que ha sido predestinado desde muy lejos y desde siempre. Aunque él es una simple proyección transmitida desde los remotos confines de su alma, su magia está en que se hace real para abrir un intersticio a la esperanza en un contorno deshumanizado.

La deshumanización está en el tedio que siente el doctor quien toca el saxofón interpretando las melodías de las generaciones perdidas. Inquietado por Rantes, trata de recuperar el tiempo perdido proyectando las imágenes filmadas a su familia, momentos verdaderamente felices que disfrutó sin darse cuenta y que con profunda nostalgia quiere revivir. Ahora que está en la caverna, esas sombrar proyectadas en la pared, son el reflejo de lo que fue su verdad.

La comunicación que establecía Rantes colocándose dando frente al sudeste nos da la clave de la película. Mientras no fue interceptada esa comunicación Rantes transmitió su verdad y mantuvo una actitud alerta en la búsqueda del devenir del hombre tratando de extraer la síntesis motivadora de sus acciones. Mirar al sur es un llamado a mirar lo nuestro, a lo que nos identifica, a nuestra verdad. La identidad cultural, como afirmación de los valores de América Latina, es el fundamento del hombre de esas latitudes. Al mirar a ese lugar específico desde una oscuridad nos está diciendo adónde debemos dirigir la mirada: donde están las nuevas alboradas y los amaneceres.

El historiador Arnold Toynbee en su libro La decadencia de occidente le da razón a Rantes, quien se niega a mirar los ocasos pues allí ya no encuentra respuesta a sus inquietudes. Rantes muestra la senda a seguir: hay que darle la espalda a la oscuridad y buscar desde la penumbra la luz liberadora.

Al cargarse de luz y llenarse de mensajes liberadores que no vienen de Junín donde supuestamente se libró la batalla independentista, se convierte en una fuente para que se nutran los desventurados. Los pacientes buscan a Rantes porque con él encuentran no sólo abrigo y pan sino comprensión y amor.

Al estrechar las manos oyendo las notas finales del himno consagrado por un sordo genial a la confraternidad establece una comunicación que llega al delirio cuando asume la dirección de la orquesta que despierta la locura de los que todavían creen en el milagro fraternal. Todos se preparan y marchan no para la confrontación aniquiladora sino para la felicidad compartida.

Sin embargo, la estupidez de quienes temer perder sus privilegios, recurren a los métodos sancionados por la ciencia siquiátrica cuando ven que el orden establecido se tambalea, como lo denuncia Michel Foucault en Locura y civilización.

La semejanza con el mito cristiano es abierta. Rantes como Cristo es crucificado y muerto, pero en Rantes su sacrificio es en vano porque Beatriz, la portadora de su mensaje, no alcanza a transmitirlo como hicieron los apóstoles.

2. Orfeo negro. Dirección: Marcel Camus, 1959

Aprovechando los carnavales de la gran ciudad, Camus nos recrea el mito griego adaptado a la realidad brasilera. Aquí el dios todopoderoso, Zeus, es suplantado por otro superior: el dios dinero. Sin él, Orfeo se hubiera quedado sin su guitarra lo que lo convertía en un mortal más. Al recuperar su guitarra de una prendería, de ese canino lugar donde los desposeídos dejan sus prendas mas preciadas, Orfeo nos demuestra que el dios dinero es esquivo con los argonautas cantores. Con la guitarra en la mano y su inspirado canto, Orfeo puede fascinar a la Aurora para que deje salir a su esposo el Sol. Las canciones de amor de Orfeo conducen a las multitudes en su tranvía que de paso se lleva a una hermosa joven recién llegada de la provincia.

Eurídice ha escapado del campo huyendo de esa muerte que quiere truncar la vida de muchos que huyen del campo a la ciudad donde creen encontrar oportunidades de vivir. Piensa que en el anonimato de la gran urbe puede despistar a la muerte y confiadamente busca habitación en las casas construídas en el cielo, donde viven los dioses como en el Olimpo.

Trecientos sesenta y cuatro días duran las preparaciones para el carnaval que culmina el día trescientos sesenta y cinco con todo el esplendor de las mascaradas. Para elaborar el traje todos ponen mucho entusiasmo no importa que para ello se hagan sacrificios inconcebibles. Las clases menos favorecidas por ese implacable dios sufren con mayor fuerza el impacto pues las pocas veces que ese dios se muestra lo utilizan para elaborar el mejor traje de su vida, no para satisfacer al dios sino para recibir el aplauso multitudinario.

El carnaval lleva la euforia al paroxismo. La locura es colectiva. La danza y la música se apoderan de los mortales. Orfeo y Eurídice con su danza se vuelven dioses quienes celosos envían a los celos mensajeros y a la muerte macabra a destruirlos. Ésta última teje su red envolviendo con serpentinas a Eurídice. Heres consuela a la mulata y la envía a su refugio mientras busca a Orfeo perdido en la multitud. Por las calles solitarias, como cualquier calle citadina propicia a los ritos de la muerte, del robo, del asalto y del crimen, huye Eurídice. Allí donde se encuentra la fuente energética de los navíos, busca amparo. Para ser atrapada por la muerte se agarra a los cables de alta tensión. Recibe una descarga eléctrica que acaba con su vida.

Al igual que el mito griego, Orfeo se va a los infiernos a buscar a su amada. Orfeo debe seguir la ruta señalada por una escalera en caracol que lo lleva a las profundidades de trece pisos llenos de papeles y su escalera en caracol que desciende a las profundidades, son la ruta que debe seguir Orfeo para recuperar a Eurídice.

Ante el ritual Macumba estamos ya en los infiernos con los brujos apoyados en los ritmos y parafernalia africana. La santería, los cantos repetitivos y el éxtasis que producen le dan la energía para comunicarse con Eurídice. Los dioses de las tinieblas le conceden ese don con la condición de no volver la cabeza. Pero como todo ser humano desarmado y con flaquezas no puede resistir la tentación y el ardiente deseo de contamplar a su amada lo hacen olvidar del mandato y se vuelve para ver una vieja poseída por el espíritu de Eurídice. Así se nos escapa muchas veces de las manos las cosas que deseamos cuando se está a punto de atravesar el umbral que los separa.

En la morque recupera Orfeo el cadáver de Eurídice que carga a la casa construída en los cielos. Señalada por los celos de ser la culpable de las desgracias y privaciones que sufren los habitantes de esa barriada miserable al despertar a la cruda realidad después del carnaval, recibe el castigo más allá de la muerte llevándose consigo a Orfeo y descansar los dos en un abrazo eterno.

Al niño, depositario de la lira, es el nuevo Orfeo que con su canto fascina igualmente a los hombres, a los árboles, a las rocas, a las bestias salvajes y a la esquiva Aurora para que deje salir al Sol y día a día se dé el milagro de los amaneceres.

Conclusión

Las dos películas presentan paralelos y contrastes subyacentes en los mismos mitos en los que se basan.

En cuanto a los paralelos podríamos anotar los laberintos, el descenso a los infiernos, la locura colectiva y muchos otros que podrían hacerse más tarde.

Los laberintos del Hospital Siquiátrico, al igual que los laberintos de la mente, no tienen el hilo deshilvanado que permita el retorno o la salida. El hombre ha evolucionado como animal, pero mentalmente se ha dejado atrapar en el laberinto por el minotauro de la estupidez. Por otro lado, los laberintos del edificio del Buró de Personas Perdidas, con su infinito papeleo, leta muerta que detiene el tiempo, son también el minotauro del atraso, dependencia, subdesarrollo.

El descenso a los infiernos producidos por la droga aplicada a Rantes y los electrochoques para calmarlo, son los métodos para acallar la verdad. La tortura como método sofisticado viola los derechos humanos de quienes se atreven a denunciar la necedad humana. Orfeo también desciende a los infiernos de la superstición y la religiosidad fanática por la escaleras de caracol envolventes y asfixiantes.

La locura que se hace lúcida con la interpretación del Himno de la Alegría de la Novena Sinfonía de Beethoven, tiene su paralelo con la locura colectiva que se apodera de los brasileros en su Carnaval de Río que los arrastra con su corriente cuyas aguas profundas tienen ritmo de Samba y Bossa Nova.

Referente a los contrastes se pueden extraer entre otros, los vestuarios, la música, los sonidos, los mensajes y la utilización de los mitos.

La diferencia de uniformes en el Hombre mirando al sudeste del doctor vestido de blanco como los sepulcros y del uniforme de los pacientes, establece una relación de superioridad e inferioridad infranqueables, contrastando con la nivelación que establecen los trajes del carnaval donde se borran las diferencias de clase.

La música de Jazz interpretada por el doctor, es la música que identifica a la generación de entreguerras mundiales, llamada la generación perdida: música de desolación, de tedio, de desesperanza, como el sonido de doblar de campanas desafinadas. Por otro lado, la música brasilera, es música de amor y de fervor colectivo.

El mito griego de la leyenda de Orfeo y Eurídice es calcado en su totalidad adaptándolo a las costumbres de un país mestizo. En cambio el mito cristiano se tergiversa al final, porque el redentor enviado no redime sino que deja el sabor amargo de la derrota.

El mensaje de Rantes al ser interceptado le impide seguir en contacto con la verdad que lo animaba. En Orfeo Negro, los niños se apropian de la lira para seguir transmitiendo ese mensaje a las generaciones futuras.


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